LORCA DESDE LA DIVERSIDAD

 


"Quiero llorar mi pena y te lo digo
para que tú me quieras y me llores
en un anochecer de ruiseñores
con un puñal, con besos y contigo."
Federico García Lorca llamó “Sonetos del amor oscuro” a los últimos versos que compuso sobre su condición homosexual, oscuros porque debió ocultar su sentimiento. Hablar de Federico García Lorca es hablar de una de las voces más luminosas y desgarradas de la literatura española por eso llama la atención un título tan sombrío para estos poemas que fueron escritos en 1936, poco antes de su fusilamiento.

La vida secreta de Lorca no fue realmente un secreto para quienes le rodeaban. Su homosexualidad atravesó su existencia y su obra como un río subterráneo: invisible para muchos, pero de un caudal desbordante. En una España conservadora y hostil para cualquiera que sintiera diferente, el poeta granadino convirtió el dolor del amor prohibido en arte, un arte que perdurará por siempre.

Su poesía convirtió el deseo masculino en un símbolo, en luna, en sangre, en noche. Todo aquello que no podía nombrarse directamente se transformaba en imágenes intensas y profundamente humanas. Lorca sabía que había emociones que sólo sobrevivirían disfrazadas de poesía.

Hoy, leer a Lorca desde la igualdad significa rescatar aquello que durante años se intentó ocultar: que su sensibilidad, su dolor y su belleza nacían también de ser un hombre que amaba a otros hombres en un tiempo que no se lo permitía

Y quizá nadie resumió mejor ese amor imposible que el propio Lorca cuando escribió:

“Pero yo ya no soy yo,
ni mi casa es ya mi casa.”

Porque el amor prohibido no solo rompe el corazón; también desgarra la identidad de quien se ve obligado a amar a escondidas.


Actividad realizada por la profesora Nelia María Moreno Tavero



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