Hombres que suman: reflexionamos sobre nuevas masculinidades

 


   Cada 19 de noviembre se conmemora el Día Internacional del Hombre, una fecha que invita a reflexionar sobre los desafíos, aportes y transformaciones que atraviesan los varones en la sociedad contemporánea. A diferencia de otros días internacionales, esta conmemoración no busca competir ni generar comparaciones, sino abrir espacios de conversación sobre salud, bienestar emocional, igualdad de género y modelos de convivencia más constructivos.

   Aunque existen antecedentes desde la década de 1960, fue en 1999 cuando la fecha se estableció oficialmente en Trinidad y Tobago gracias al profesor Jerome Teelucksingh. Él propuso el 19 de noviembre como una oportunidad para:

  • Reconocer a los modelos masculinos positivos.

  • Promover la igualdad de género desde la corresponsabilidad.

  • Abordar temas de salud física y mental de los hombres.

  • Fomentar relaciones más sanas entre hombres y mujeres.

  • Visibilizar problemáticas poco habladas, como la violencia que afecta a los hombres, el suicidio masculino o las dificultades para expresar emociones.

   Con los años, más de 80 países se han sumado a esta conmemoración, reforzando el diálogo sobre la masculinidad en un mundo que avanza hacia relaciones más equitativas.

  Con motivo de este día hemos trabajado en nuestro centro la masculinidad positiva. Cada alumno/a elige un hombre que considere un referente positivo —puede ser alguien famoso, un familiar o alguien del entorno local— y reflexiona sobre:

  • ¿Qué valores representa?

  • ¿Qué aporta a la sociedad o a su entorno?

  • ¿Qué estereotipos rompe?





   Hay una nueva forma de ser hombre que nace en silencio, como un susurro que se convierte en fuerza. Una masculinidad que no necesita endurecerse para sentirse grande, porque ha descubierto que la ternura también sostiene, que la vulnerabilidad también construye.

   Es la masculinidad de quienes se permiten respirar hondo y sentir, de quienes abren espacio para el cuidado, para la palabra, para el abrazo que no teme decir “aquí estoy”. Hombres que ya no levantan muros, sino puentes; que no compiten, acompañan; que saben que la verdadera valentía no está en ocultar el dolor, sino en mirarlo de frente.

   En esta nueva masculinidad, el amor no es debilidad, es guía. Y el respeto —hacia uno mismo y hacia los demás— es la brújula que marca el camino.

Porque ser hombre, hoy, también es aprender a florecer.


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