8 de marzo: memoria, lucha y palabras que transforman

 



Como cada año, en nuestro centro aprovechamos el 8 de marzo para reflexionar, aprender y seguir avanzando hacia una sociedad más justa e igualitaria. En nuestro centro de educación de personas adultas, esta jornada no es sólo una conmemoración, sino también una oportunidad educativa para comprender el pasado, analizar el presente y actuar sobre nuestro entorno más cercano.

El origen del Día Internacional de la Mujer se sitúa en el contexto de las luchas obreras de finales del siglo XIX y principios del XX. Fueron muchas las mujeres que alzaron la voz para reclamar condiciones laborales dignas, derechos políticos y reconocimiento social. A lo largo del tiempo, esta fecha ha ido consolidándose como un símbolo de la lucha por la igualdad real entre hombres y mujeres, recordándonos que los derechos conquistados no son irreversibles y que aún quedan desafíos por superar.

Celebrar el 8 de marzo es, por tanto, un acto de memoria y de compromiso. Memoria, para recordar y poner en valor a quienes abrieron camino en circunstancias adversas; compromiso, para continuar trabajando desde todos los ámbitos —también desde la educación— en la construcción de una sociedad libre de desigualdades y estereotipos.

En este sentido, desde nuestro centro hemos desarrollado una actividad con el alumnado que ha consistido en revisar y transformar el refranero popular tradicional. Los refranes forman parte de nuestra cultura y sabiduría colectiva, pero también reflejan, en muchos casos, una visión del mundo anclada en roles de género desiguales y estereotipados. Expresiones que durante generaciones han perpetuado una imagen limitada y, en ocasiones, despectiva de la mujer.






Con este motivo hemos decidido elaborar nuestro propio refranero, al estilo CEPA "EL Pilar". La propuesta ha sido clara: analizar críticamente estos refranes y reescribirlos desde una perspectiva igualitaria, respetuosa y empoderadora. El resultado ha sido un ejercicio enriquecedor, en el que el alumnado no solo ha identificado mensajes machistas normalizados, sino que también ha sido capaz de generar alternativas que promueven la equidad, el respeto y la diversidad. Todo esto en un ambiente dinámico donde no han faltado las risas.

La importancia de las palabras aquí ha sido clave. Sin darnos cuenta a veces pronunciamos ofensas que, aburridas de ser repetidas de generación en generación, pasan desapercibidas en nuestra sociedad

Porque la igualdad no es solo una meta lejana, sino una práctica cotidiana que se construye desde pequeños gestos, desde el lenguaje y desde la educación. Y en ese camino, el 8 de marzo sigue siendo una fecha imprescindible para recordar, reflexionar y avanzar.


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